Muro fronterizo, muro de la vergüenza

Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores

Imagen: Icy and Sot, Inexorable

Abinader habló en su discurso del 27 de febrero de la necesidad de establecer relaciones de mutuo beneficio con Haití, pero rápidamente se deslizó al terreno del trujillismo cultural y político. Reivindicó su escandaloso pacto con el gobierno de facto de Jovenel Moïse y sus nueve puntos, que incluyen la construcción de un muro fronterizo. Una vieja exigencia de la extrema derecha.

Reivindicó la creación de un Consejo de Seguridad y Defensa Nacional para “proteger la frontera” e intentó ubicar su política en la perspectiva de “lograr la protección de nuestra integridad territorial que llevamos buscando desde nuestra independencia”. En realidad, no enfrentamos ninguna amenaza territorial externa, sino la amenaza interna de la demagogia derechista y la sed de negocios corruptos del gobierno.

Se iniciaría la construcción en la segunda mitad de este año, una verja simple en algunos trayectos y doble en otros, con sensores de movimiento, cámaras de reconocimiento facial, radares, sistemas de rayos infrarrojos y drones. El canciller Roberto Álvarez admitió que el gobierno está en conversaciones con dos empresas israelíes y una española para la construcción del muro. De los 391 kilómetros de la frontera, el proyecto abarca ampliar los 23 kilómetros de verja ya existentes para alcanzar 53 kilómetros este año y un total de 190 kilómetros para el año 2023 (Diario Libre, Melbin Gómez, 4/3/2021). En la Ley de Presupuesto General del Estado de 202 se le denomina Proyecto de Seguridad Fronteriza y Ciudadana y su monto es de 224 millones de dólares, que pueden incrementarse a 239.7 millones, que se financiarían con endeudamiento externo (Diario Libre, Suhelis Tejero, 1/3/2021).

Es una gigantesca operación, costosísima y permanente que cada año consumiría un enorme presupuesto de millones de dólares. Una verdadera locura cuando los principales barrios no cuentan con un suministro confiable de luz eléctrica y agua potable, la salud y la educación púbicas están por el suelo debido a la desinversión, los salarios son miserables y no se garantiza el derecho a la seguridad social. Lógicamente al sector militar le interesa mucho disponer de ese presupuesto para sus negocios.

Abinader no incluyó el muro en su programa de gobierno y lo saca de la manga ahora porque se sabe incapaz de atender a la grave crisis que atravesamos. Durante la campaña se hizo asesorar en materia de seguridad por el abogado de Trump, Rudolph Giuliani. Ahora sigue los pasos de su mentor gringo en la política del muro fronterizo.

La mayoría de los inmigrantes que ingresan sin visa lo hacen por los puntos de acceso controlados por los militares corruptos, así que el muro no servirá para lo que dicen sus promotores. Hasta José Paliza y Faride Raful en los años 2013 y 2014 criticaron en las redes el muro fronterizo del PLD, planteando que sería “un negocio” que no resolvería nada. Ahora defienden esa aberración política, económica y social.

Pero no basta denunciar la corrupción y el endeudamiento para un muro inútil, hay que desbaratar su base ideológica, la criminalización de la comunidad inmigrante, su estigmatización como supuesta acaparadora de los servicios públicos, como la salud, y de los empleos.

La verdad es que la comunidad inmigrante, mayoritariamente haitiana, aporta con su trabajo entre un 7% y un 9% del PIB nacional, pese a ser alrededor del 5% de la población. El propio Abinader, al subrayar los logros en materia agrícola está implícitamente reconociendo ese aporte de los trabajadores haitianos. Es el sector de la clase trabajadora más precarizado, más explotado, con menos acceso a los servicios públicos, incluidos los de salud, con menos acceso a la seguridad social. La balanza comercial con Haití favorece a República Dominicana en una proporción de 96 a 4. Lejos de “cargar con Haití”, la burguesía dominicana ha sacado amplio provecho de estas condiciones de desigualdad. La ideología racista y xenófoba que impulsa permanentemente para intoxicar y dividir a la clase trabajadora sobre ejes nacionales y raciales es una forma en la que busca perpetuar esas injusticias. El antídoto es que clase trabajadora y la juventud rechacen en las calles la política antidemocrática, racista y xenófoba del gobierno.

¡Organicemos una respuesta unitaria contra el muro de la vergüenza!

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