Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores
La socialdemocracia se reunió el 17 y el 18 de abril en Barcelona, en dos eventos paralelos. En la «Cumbre en defensa de la democracia», el presidente español Pedro Sánchez recibió a sus pares de Brasil, Colombia, México, Uruguay, Sudáfrica, entre otros gobernantes de centroizquierda. La «Movilización Progresista Global», por su parte, involucró a dirigentes políticos de decenas de países para presentar «una alternativa a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha». Sin embargo, las limitaciones de su supuesto «progresismo» quedaron al descubierto. Uno de los invitados de alto perfil fue el vicecanciller alemán, Lars Klingbeil, quien integra un gobierno que ha jugado un rol activo en apoyo al genocidio sionista en Gaza. También envió un saludo grabado la ex vicepresidenta estadounidense Hillary Clinton, con un amplio prontuario imperialista. El régimen dominicano, cuya política ultraconservadora, derechista y racista no tiene nada qué envidiar a la ultraderecha europea y estadounidense, también estuvo presente.
El gobierno dominicano estuvo representado por el ministro de Justicia, Antoliano Peralta, quien es corresponsable de medidas escandalosas como el protocolo migratorio hospitalario que convierte los hospitales públicos en centros de detención migratoria. Según el Ministerio de Justicia, el gobierno dominicano participó en las discusiones sobre «desinformación y desafíos digitales» por su «compromiso con el Estado de derecho y los valores democráticos».

La realidad es que el régimen dominicano aplica un Estado de excepción de facto para perpetrar deportaciones masivas de personas haitianas, una política neotrujillista que ha producido decenas de muertes en los últimos cinco años. La Policía Nacional realizó 189 ejecuciones el año pasado y el gobierno espía a periodistas con software israelí. Todo ello demuestra su talante antidemocrático y su desprecio total por la legalidad. Además, el gobierno ha impuesto legislación ultraconservadora y represiva como el Código Penal, que penaliza cualquier interrupción voluntaria del embarazo y castiga como «ultraje» las críticas a los funcionarios gubernamentales.
Algunos medios de prensa internacionales presentaron la cumbre socialdemócrata como una contra-cumbre, en respuesta a la reunión «Escudo de las Américas» convocada por Trump en marzo, a la cual también asistió Abinader. Pero no hubo ninguna mención de Trump en los discursos en Barcelona.
El gobierno dominicano participó en ambas cumbres, pero su compromiso político está claramente del lado del gobierno del imperialista Trump, a quien incluso permitió usar sus aeropuertos para su agresión militar contra Venezuela y sus bombardeos ilegales en el Caribe contra embarcaciones civiles supuestamente involucradas en narcotráfico. Abinader también es aliado de otros gobiernos ultraderechistas de la región, como la dictadura de Nayib Bukele en El Salvador, el gobierno de José Antonio Kast en Chile y el de Daniel Noboa en Ecuador.
Mientras que Lula da Silva y otros ponentes en el evento socialdemócrata criticaron el bloqueo petrolero contra Cuba, aunque sin proponer ningún envío de crudo al país caribeño pese a que Brasil, Colombia y otros países asistentes son exportadores de petróleo, el gobierno dominicano se arrodilló ante EEUU y se abstuvo en la más reciente votación en la ONU contra el embargo estadounidense. Mientras algunos gobiernos en Barcelona criticaron el guerrerismo de Israel, el gobierno dominicano ha firmado acuerdos con Israel en plena ofensiva genocida en Gaza y se ha alineado con EEUU e Israel en el marco de su guerra de agresión contra Irán.
En Barcelona se discutió también promover impuestos a los multimillonarios, pero el gobierno dominicano, encabezado por un empresario que figura como titular de cuentas en paraísos fiscales en los Papeles de Pandora, aplica una política tributaria regresiva que exime miles de millones de pesos en impuestos a los más ricos mientras cobra el impuesto sobre la renta a trabajadores con salarios bajos y medios.
Para colmo, el gobierno del PRM protege y apoya a grupos paramilitares neofascistas, a los que emplea para reprimir a la izquierda y a la clase trabajadora de origen haitiano.
Rechazamos la complicidad de la centroizquierda con el gobierno derechista y pro-imperialista de Luis Abinader. Alertamos al activismo democrático y de izquierda sobre el peligro de normalizar a un régimen represivo, corrupto y racista como el del PRM, y llamamos a construir verdaderos lazos de unidad entre la izquierda a nivel internacional, para presentar una alternativa tanto a la derecha como al callejón sin salida de la centroizquierda.