Acto del Ministerio de la Mujer evidencia el clasismo y racismo del gobierno de Abinader

La Voz de los Trabajadores

Para los organizadores de la celebración del 23 aniversario del Ministerio de la Mujer, el 11 de agosto en el Palacio Nacional, esta debía ser una ocasión para mostrar un rostro menos reaccionario, un supuesto «enfoque de género» y apoyo a las reivindicaciones de las mujeres. El resultado no pudo ser peor, al evidenciar la falsedad de estas pretensiones.

La ministra Mayra Jiménez se deshizo en elogios a la gestión gubernamental, a la primera dama, a la las ONGs bajo el eufemismo de «sociedad civil», al sector privado y a la cooperación internacional. El Obispo de la Diócesis de San Pedro de Macorís hizo una oración y habló sobre las mujeres de manera bastante estereotipada. En el auditorio repleto de militantes del PRM también se escucharon las típicas consignas reeleccionistas. Hasta ahí se cumpieron los objetivos del acto.

Pero lo que la planificación no pudo evitar fue el bochorno que sufrió el gobierno a continuación. Katherine Cabrera, vocera de la Confederación Nacional de Mujeres del Campo (Conamuca), elogió la gestión del ministerio pero también hizo denuncias importantes. Citó a Mamá Tingó al denunciar los desalojos de tierras campesinas por parte del gobierno y exigir el acceso a títulos de tierra para el campesinado. Reclamó políticas públicas diferenciadas para las mujeres del campo para terminar con la emigración rural masiva, incluyendo el acceso a servicios, salud y educación, y la protección contra la depredación ambiental. Planteó la necesidad de eliminar intermediarios comerciales que se lucran con el trabajo campesino y mejorar el acceso a créditos. También exigió que se apruebe la despenalización del aborto en las tres causales como «lo mínimo» que podría concederse a las mujeres más pobres del país. Su intervención generó aplausos en el auditorio y una visible incomodidad en el Presidente y la ministra.

Mildred Mata, quien habló en representación de mujeres comunitarias, también elogió a la ministra pero puso en evidencia al gobierno. Defendió el derecho constitucional a la vida relacionándolo con el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos cuando su vida corre peligro, una de las tres causales que el Congreso con mayoría del PRM se niega a aprobar. Criticó el escaso presupuesto del Ministerio de la Mujer, deploró la falta de separación entre el Estado y las iglesias y el excesivo «poder teocrático», reclamando que si los religiosos pueden tener una oficina en el Palacio Nacional al lado del despacho presidencial, también deberían tenerlo las feministas. Llamó la atención sobre el hecho de que en el presidium del acto hubiera representación de una sola religión, cuando la constitución establece libertad de creencias y la no discriminación religiosa. Condenó la violencia contra las personas no heterosexuales y la falta de una legislación que castigue la discriminación, subrayando que el país debe ponerse al día, pues no estamos en la Edad Media. También denunció la política de no permitir el ingreso al Palacio a mujeres con cabello afro natural, con falda al nivel de la rodilla o sin mangas largas, calificando dicha política como clasista, elitista y discriminatoria, si bien la atribuyó al protocolo del Palacio y no al gobierno propiamente, que es en definitiva el responsable.

Tal fue el nerviosismo que estas palabras generaron que funcionarios intentaron que Mildred Mata cortara su discurso. La ministra y el presidente Abinader intentaron disimular su incomodidad con risas, restando así importancia a sus reclamos. Luego Edith Ciprian, quien habló en nombre de las mujeres jóvenes, reclamó acceso al primer empleo en condiciones de dignidad y acceso a educación de calidad, incluyendo educación sexual y reproductiva.

Todas estas exigencias, hechas por activistas que apoyan al Ministerio de la Mujer y por eso fueron invitadas a hablar, pusieron en evidencia hasta qué punto son violatorias de los derechos de las mujeres las políticas que implementa el gobierno. El discurso de Abinader no pudo refutar los señalamientos que lo antecedieron, y tuvo que centrarse en hacer promesas o referirse a cifras como la creación de 12 casas de acogida para víctimas de violencia de género, con lo cual se llega a un total de apenas 15 casas para una población de más de 4 millones de mujeres y adolescentes mayores de 14 años, en un país con altísimos índices de violencia. Al final de su discurso, un paneo de las cámaras mostró repetidas veces las pantallas de las que Abinader estaba leyendo su discurso.

Lo que se evidenció en el acto es que por más que el gobierno pretenda hacer relaciones públicas a costa de las mujeres, hay cosas difíciles de disimular, como su elitismo, machismo, racismo y conservadurismo.

Imagen del público con la pantalla desde donde Abinader leía su discurso.

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