Contra el imperialismo ruso

Movimiento Socialista Ruso y Movimiento Social de Ucrania

Ilustración: Kamshat Nurlanova

Nota de MST-RD.org: Por su interés para el debate en la izquierda latinoamericana y caribeña, traducimos esta declaración conjunta entre las organizaciones de izquierda Movimiento Socialista Ruso y Movimiento Social de Ucrania. Lamentablemente, en nuestra región el rechazo a la invasión imperialista no es mayoritario en la izquierda, debido al peso de corrientes estalinistas y chavistas que han apoyado en las últimas décadas a regímenes capitalistas antiobreros como los de Siria, Irán, Nicaragua, Venezuela y la propia Rusia de Putin. Tal y como hemos planteado en nuestra declaración, como socialistas en la República Dominicana, consideramos que la única posición consecuentemente antiimperialista y de independencia de clase ante la invasión de Putin es la solidaridad con la resistencia ucraniana, sin que ello implique apoyo alguno al gobierno capitalista de Zelensky o a la OTAN. También nos hemos solidarizado con la izquierda, los intelectuales y activistas que en Rusia se han pronunciado contra la invasión, pese a la represión brutal que el régimen encabezado por Putin, cada vez con más elementos fascistas, ha desatado contra toda disidencia. Por eso valoramos muy positivamente una declaración conjunta de socialistas e izquierdistas rusos y ucranianos.

En el marco de esa solidaridad, y de la crítica que hacemos al gobierno pro yanqui de República Dominicana por no romper relaciones diplomáticas con el régimen ruso, entendemos que el apoyo a la resistencia ucraniana implica lógicamente defender su derecho a recibir armas de cualquier país para defenderse de la invasión. Donde tenemos diferencias, y así lo planteamos respetuosamente a los luchadores ucranianos y rusos, es con el llamado a la participación de cascos azules de la ONU para proteger corredores humanitarios para la salida de civiles de las ciudades sitiadas por las tropas imperialistas rusas. Creemos que el imperialismo ruso solo aceptaría la presencia de cascos azules si le sirven a su estrategia general de conquista, a cambio de costosas concesiones estratégicas, mientras que la ONU nunca desplegaría un contingente de cascos azules sin acuerdo ruso. Más bien creemos que es fundamental fortalecer el llamado a las organizaciones obreras del mundo, especialmente a los sindicatos portuarios, a seguir el ejemplo de los trabajadores holandeses, ingleses y estadounidenses que han boicoteado a los barcos rusos, e intensificar las iniciativas de la clase trabajadora mundial como el envío de convoyes con apoyo material a la resistencia ucraniana. En la solidaridad internacionalista entre los pueblos está la clave para derrotar al imperialismo ruso en Ucrania, así como derrotar otras agresiones imperialistas a los pueblos como la opresión colonial del pueblo palestino, el tutelaje del imperialismo estadounidense en Haití, la ocupación del Sáhara Occidental o las agresiones del imperialismo francés en África.

Contra el imperialismo ruso

Aunque la mayoría de la izquierda ha condenado la invasión rusa de Ucrania, todavía falta la unidad del campo de la izquierda. Nos gustaría dirigirnos a aquellos de la izquierda que todavía se aferran a la posición de «una plaga en ambas casas» que considera la guerra como una guerra interimperialista.

Ya es hora de que la izquierda despierte y lleve a cabo un «análisis concreto de la situación concreta» en lugar de reproducir marcos desgastados de la Guerra Fría. Pasar por alto el imperialismo ruso es un terrible error para la izquierda. Es Putin, y no la OTAN, quien está haciendo la guerra a Ucrania. Por eso es esencial redirigir el foco del imperialismo occidental al imperialismo agresivo de Putin, que tiene una base ideológica y política además de económica.

El imperialismo ruso consta de dos elementos. En primer lugar, implica el nacionalismo ruso revisionista. Después de 2012, Putin y su establishment pasaron de un concepto cívico de la nación (como rossiysky, «relacionado con Rusia») a un concepto exclusivo y de base étnica de la rusidad (como russkiy, «étnicamente/culturalmente ruso»). Su agresión en 2014 y en 2022 fue legitimada por la recuperación de tierras «originalmente» rusas. Además, este concepto de «rusismo» (étnico) revive el concepto imperial del siglo XIX de la nación rusa, que reduce la identidad ucraniana y bielorrusa a identidades regionales. Según esta visión, rusos, bielorrusos y ucranianos son un solo pueblo. El empleo de este concepto en la retórica oficial implica la negación de la condición de Estado independiente de Ucrania. Por eso no podemos decir con certeza que Putin sólo quiere el reconocimiento de la soberanía rusa sobre Crimea y el Donbás. Putin puede desear anexionar o someter a toda Ucrania, amenazas que aparecen en su artículo Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos y en su discurso del 21 de febrero de 2022. Por último, las perspectivas de las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia parecen bastante sombrías, ya que el equipo de negociación de Rusia está encabezado por el ex ministro de Cultura Vladimir Medinsky, uno de los creyentes más entregados a la ideología del russkiy mir (el mundo étnico ruso), un mundo en el que, créannos, nadie será feliz.

En segundo lugar, aunque la agresión de Putin es difícil de explicar racionalmente, los acontecimientos actuales han demostrado que puede ser bastante razonable, sin embargo, tomar la retórica imperialista rusa al pie de la letra. El imperialismo ruso está alimentado por el deseo de cambiar el llamado «orden mundial». Así, la exigencia de Putin de que la OTAN se retire de Europa del Este puede ser una señal de que Rusia podría no detenerse en Ucrania, y Polonia, Letonia, Lituania o Estonia pueden ser los próximos objetivos de la agresión de Putin. Es muy ingenuo exigir la desmilitarización de Europa del Este, porque a la luz de las circunstancias actuales, eso sólo será ceder a Putin y hará que los países de Europa del Este sean vulnerables a su agresión. El discurso sobre la expansión de la OTAN oculta el deseo de Putin de dividir las esferas de influencia en Europa entre Estados Unidos y Rusia. Estar en la esfera de influencia rusa significa la subordinación política de un país a Rusia y el sometimiento a la expansión del capital ruso. Los casos de Georgia y Ucrania demuestran que Putin está dispuesto a utilizar la fuerza para influir en los asuntos políticos de los países que, en su opinión, desean abandonar la esfera de influencia rusa. Es importante tomar en cuenta que tal y como lo entiende Putin los agentes clave en el orden mundial se limitan básicamente a Estados Unidos y China. No reconoce la soberanía de otros países, considerándolos como satélites de uno de estos agentes del orden internacional.

Putin y su establishment son muy cínicos. Utilizan el bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia, la intervención estadounidense en Afganistán y la invasión de Irak como escudo para el bombardeo de Ucrania. En este contexto, la izquierda debe mostrar coherencia y decir no a toda agresión imperialista en el mundo. Hoy el agresor imperialista es Rusia, no la OTAN, y si no se detiene a Rusia en Ucrania, definitivamente continuará su agresión.

Además, no debemos hacernos ilusiones con el régimen de Putin. No ofrece ninguna alternativa al capitalismo occidental. Es un capitalismo autoritario y oligárquico. El nivel de desigualdad en Rusia ha aumentado significativamente durante los 20 años de su liderazgo. Putin no sólo es un enemigo de la clase trabajadora, sino también un enemigo de todas las formas de democracia. La participación popular en la política y en las asociaciones voluntarias es tratada con recelo en Rusia. Putin es esencialmente un anticomunista y un enemigo de todo aquello por lo que luchó la izquierda en el siglo XX y por lo que lucha en el XXI. En su visión del mundo, los fuertes tienen derecho a golpear a los débiles, los ricos tienen derecho a explotar a los pobres y los hombres fuertes en el poder tienen derecho a tomar decisiones en nombre de su población desempoderada. Esta visión del mundo debe recibir un duro golpe en Ucrania. Para que el cambio político se produzca dentro de Rusia, el ejército ruso debe ser derrotado en Ucrania.

Queremos abordar una demanda muy controvertida, la de la ayuda militar a Ucrania. Entendemos las repercusiones de la militarización para el movimiento de la izquierda progresista en todo el mundo y la resistencia de la izquierda a la expansión de la OTAN o a la intervención occidental. Sin embargo, se necesita más contexto para ofrecer una imagen más completa. En primer lugar, los países de la OTAN proporcionaron armas a Rusia a pesar del embargo de 2014 (Francia, Alemania, Italia, Austria, Bulgaria, República Checa, Croacia, Eslovaquia y España). Por lo tanto, la discusión sobre si las armas enviadas a la región terminan en las manos correctas o equivocadas suena un poco tardía. Ya están en malas manos, y los países de la UE sólo estarían corrigiendo sus errores anteriores al proporcionar armas a Ucrania. Además, las garantías de seguridad alternativas que ha propuesto el gobierno ucraniano requieren la participación de varios países, y probablemente sólo puedan lograrse con su participación también. En segundo lugar, como han destacado numerosos artículos, el regimiento Azov es un problema. Sin embargo, a diferencia de 2014, la extrema derecha no está jugando un papel destacado en la guerra de hoy, que se ha convertido en una guerra popular – y nuestros compañeros de la izquierda antiautoritaria de Ucrania, Rusia y Bielorrusia están luchando juntos contra el imperialismo. Como ha quedado claro en los últimos días, Rusia está intentando compensar su fracaso en tierra con ataques aéreos. La defensa aérea no dará a Azov ningún poder adicional, pero ayudará a Ucrania a mantener el control de su territorio y a reducir las muertes de civiles incluso si las negociaciones fracasan.

En nuestra opinión, la izquierda debería exigir:

– la retirada inmediata de todas las fuerzas armadas rusas de Ucrania
– nuevas sanciones selectivas y personales contra Putin y sus multimillonarios. (Es importante entender que Putin y su establishment sólo se preocupan por sus propios bienes privados; son ajenos al estado de la economía rusa en general. La izquierda también puede utilizar esta demanda para exponer la hipocresía de aquellos que patrocinaron el régimen y el ejército de Putin e incluso ahora siguen vendiendo armas a Rusia)
– la sanción del petróleo y el gas rusos
– el aumento del apoyo militar a Ucrania, en particular el suministro de sistemas de defensa aérea
– la introducción de fuerzas de paz de la ONU de países no pertenecientes a la OTAN para proteger a los civiles, incluyendo la protección de los corredores verdes y la protección de las centrales nucleares (el veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU puede ser superado en la Asamblea General)

La izquierda también debería apoyar a los izquierdistas ucranianos que están resistiendo, dándoles visibilidad, centrando sus voces y apoyándolos financieramente. Reconocemos que son los millones de trabajadores esenciales ucranianos y los voluntarios de la ayuda humanitaria los que hacen posible una mayor resistencia.

Otras reivindicaciones -el apoyo a todos los refugiados en Europa, independientemente de su ciudadanía, la cancelación de la deuda externa de Ucrania, las sanciones contra los oligarcas rusos, etc.- son ampliamente aceptadas en la izquierda y, por lo tanto, no las discutimos aquí.

La invasión rusa de Ucrania sienta un terrible precedente para la resolución de conflictos que implican el riesgo de una guerra nuclear. Por ello, la izquierda debe plantear nuestra propia visión de las relaciones internacionales y de la arquitectura de la seguridad internacional, que puede incluir el desarme nuclear multilateral (vinculante para todas las potencias nucleares) y la institucionalización de respuestas económicas internacionales a cualquier agresión imperialista en el mundo. La derrota militar de Rusia debe ser el primer paso hacia la democratización del orden mundial y la formación de un sistema de seguridad internacional, y la izquierda internacional debe contribuir a esta causa.

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