¿Unidad con quién y para qué?

Ingrid Luciano*

Todas las organizaciones que se reclaman de izquierda reivindican la unidad, pero hay distintas concepciones sobre los alcances y el contenido concreto de dicho planteamiento. Están quienes entienden la unidad en términos de una amplia alianza que incluye a un sector de la clase capitalista del país. En tal sentido, la unidad de la izquierda, de las organizaciones obreras y populares forma parte de un entramado más amplio. 

Esa vieja concepción estratégica se ha puesto en práctica, por ejemplo, en el terreno electoral con la alianza que tejieron sectores de izquierda con el PRM y el apoyo que brindaron a la elección de Luis Abinader, y que le siguen brindando a su gobierno. En el pasado, también sirvió de justificación para apoyar electoralmente a Leonel Fernández e Hipólito Mejía, por solo poner ejemplos de las últimas dos décadas. 

Esta estrategia impide que se construya y visibilice una alternativa socialista de verdadera ruptura, que pueda servir de referente claro para el activismo honesto. Por el contrario, esto coloca a la izquierda o sectores progresistas a la cola del poder de turno y retrasa las posibilidades de construir organizaciones verdaderamente autónomas. Actualmente, por ejemplo, tenemos a Abinader, un político derechista con un programa abiertamente privatizador, represivo, subordinado a la política exterior de EEUU, claramente elitista, antiobrero, antimujeres y racista. Entendemos que muchos de sus votos fueron una expresión de castigo contra el PLD. Pero nadie en la izquierda debió abrir el menor espacio de duda sobre lo que Abinader representa.

Por la unidad de la izquierda sin capitalistas, sin derechistas, sin corruptos y sin racistas

Creemos que para avanzar en la consolidación de una alternativa unitaria para la lucha por un cambio de sistema, tenemos que delimitar la unidad. Políticamente no podemos dar apoyo jamás a dirigentes u organizaciones de los capitalistas, con programas antidemocráticos, conocidos por su trayectoria corrupta y entreguista, por su oposición a los derechos de las mujeres, por la represión que han ejercido contra la clase trabajadora y el campesinado, así como por su racismo corrosivo. Como internacionalistas, extendemos la misma concepción a nivel global: procuramos la unidad de todas las personas explotadas y oprimidas de todas las nacionalidades y no apoyamos políticamente a ningún gobierno capitalista.

En este punto parecería que hemos llegado a un callejón sin salida, pues la mayoría de las organizaciones de izquierda defienden la unidad con sectores capitalistas y apoyan a gobiernos que administran el capitalismo en otros países.

Pero existe un tipo de unidad que es posible a pesar de las diferencias: la unidad de acción. La Coordinadora Popular Nacional, por ejemplo, es un espacio de articulación donde coexisten perspectivas políticas muy diferentes, pero donde se impulsan acciones comunes en temas sobre los que hay acuerdo, como la importante marcha contra la megaminería realizada en el mes de septiembre, dirigida al Palacio Nacional para interpelar directamente al gobierno. Existen otros espacios como la Coordinadora de Organizaciones Populares del Cibao. O esfuerzos como el de más de 20 organizaciones que se pronunciaron en noviembre contra las medidas racistas y xenófobas con las que Abinader pretende segregar racialmente a la población y negarle el acceso a la salud y la educación al sector considerado más negro, el de los inmigrantes haitianos y la comunidad dominicana de ascendencia haitiana. Algo aberrante ante lo cual ningún sector de la izquierda debería permanecer callado.

Al calor de la unidad de acción es inevitable que salgan a relucir las diferencias estratégicas. Habrá diferencias sobre cuáles exigencias plantear en las movilizaciones, sobre cómo plantearlas. Siempre habrá oportunidades para deliberar respetuosamente y procurar que se avance lo más posible en la articulación de esfuerzos para la defensa de nuestros derechos ante los ataques de la burguesía. Y en el mismo proceso de la movilización, intentar profundizar el debate político.

Para construir una alternativa, necesitamos hacernos escuchar en las calles. Mientras en el Congreso todos los partidos votan medidas antipopulares como los presupuestos de ajuste y austeridad, los contratos entreguistas como el suscrito con Pfizer, los nuevos créditos internacionales que aumentan la deuda externa, demostrando que no hay una verdadera oposición ahí, en las calles sí hay y puede fortalecerse una oposición extraparlamentaria, de izquierda, democrática, socialista, feminista y antirracista.

* Dirigente del MST

Imagen: Creative Wellbeing

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