Trujillo, un dictador patrocinado por el imperialismo

Manuel Gual

En 1930 llega al poder Trujillo por medio de un golpe bendecido por los EEUU. Trujillo había surgido del riñón de la Guardia Nacional, el cuerpo represivo organizado por los yanquis durante su primera ocupación militar del país. En un cuerpo militar corrupto y represivo, diseñado para preservar los intereses de EEUU, Trujillo escaló hasta ocupar la máxima posición. La coyuntura de la Gran Depresión y su impacto en la economía dominicana, así como la descomposición del régimen horacista, repudiado por su entreguismo ante los EEUU, al aceptar las condiciones del plan de desocupación que incluía la permanencia gringa en las aduanas, fueron las condiciones aprovechadas por el golpe trujillista.

Trujillo desarrolló, con el apoyo yanqui, un régimen bonapartista. A diferencia de un régimen parlamentario en el que los intereses de los distintos sectores de la burguesía son representados por los distintos partidos y hasta por fracciones dentro de los partidos con presencia en el parlamento, la figura bonapartista, en este caso Trujillo, es el árbitro de las pugnas y la competencia entre los distintos sectores de la clase capitalista. Por la concentración de poder que acumula, alcanza una relativa autonomía respecto de los distintos sectores de la burguesía. En vez de gobernar fundamentalmente a través de una instancia de negociación como el parlamento, lo hace sobre todo a través de la institución militar y un partido único. Al ser el propio Trujillo un burgués, ya era millonario por su participación en la corrupción militar antes de tomar el poder, aprovechó el control del Estado para llevar a cabo una voraz acumulación originaria de capital a través de una corrupción ampliada y favorecer sus negocios hasta consolidarse como el principal capitalista del país.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Trujillo se proclamó “Campeón del Anticomunismo en América”. El apoyo de EEUU a Trujillo, Somoza, Stroessner, Pérez Jiménez, Batista y otros dictadores derechistas en este período en la región formó parte de su estrategia de apuntalar a regímenes que aplastaran los derechos democráticos de los pueblos como garantía de preservación de sus intereses imperialistas. Por eso EEUU hizo todo lo posible por impedir el apoyo de otros movimientos y gobiernos a la lucha democrática dominicana, como las tentativas de la Legión del Caribe de enviar expedicionarios a derrocar al tirano.

Trujillo también cultivó relaciones estrechas con Franco, Duvalier y Perón. Mientras triunfaba la rebelión de enero de 1958 en Venezuela y la Revolución Cubana un año después, Trujillo era acosado por una crisis económica y el crecimiento de la resistencia popular, exacerbada luego de la fallida expedición de junio de 1959. Verse acorralado lo llevó a la desesperación. Su atentado contra el presidente pro yanqui venezolano Rómulo Betancourt aceleró la ruptura del imperialismo con su esbirro dominicano.

El Vaticano también fue un sostén crucial para el dictador. Monseñor Pittini fue uno de sus principales colaboradores. El Concordato fue firmado por el Papa Pío XII y Trujillo en 1954. El Vaticano nombró al dictador Caballero Gran Cruz de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, Caballero Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno, entre otras pomposas condecoraciones. Por su parte, Trujillo otorgó importantes subsidios a la Iglesia, que se mantienen hasta nuestros días, al igual que el Concordato. Es de resaltar que dicho documento, además de eximir del pago de impuestos a los sacerdotes y comprometer al Estado a pagar cuantiosos subsidios, otorga a la Iglesia atribuciones en materia de educación y salud pública, sistema penitenciario y otras áreas.

La ruptura de la Iglesia con Trujillo, apenas en 1960, coincide con la decisión del imperialismo de sacrificar al dictador antes de que una revolución lo derrocara y el involucramiento de la CIA en el complot para liquidarlo. Estos importantes aspectos de la dictadura trujillista, fueron completamente ignorados por Abinader en su discurso del 29 de mayo. Su empeño de no incomodar a sus aliados de EEUU y la Iglesia le impide llevar a cabo una verdadera condena del trujillismo, que señale también la responsabilidad de los aliados y patrocinadores de la dictadura.

 

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