Discurso por el Día Mundial del Teatro 2022

Sindicato de Teatristas de la República Dominicana (SITEARD)

Foto: Guillermo Casado. Protesta de SITEARD frente al Palacio Nacional el 27 de marzo

Hoy, Día Mundial y Nacional del Teatro 2022, nos encontramos frente al Palacio Nacional una diversidad de gente de teatro que celebramos el oficio al mismo tiempo que demandamos a las autoridades que atiendan a nuestras necesidades actuales e históricas. Y qué bueno que podamos hacerlo junto a colegas de la danza, la música, el arte visual, la literatura. Qué bueno que podamos unirnos artistas que hacemos nuestra labor en diversidad de provincias, sea a nivel estatal, privado, independiente, universitario o comunitario. Qué bueno que estamos aquí mostrando nuestra unidad, recordándole a las autoridades a una sola voz que la cultura es un derecho humano reconocido por la propia Constitución de la República.

Un componente muy importante de nuestra cultura lo constituyen las diversas expresiones artísticas que se producen en nuestra sociedad. Considerar el acceso a la cultura como un derecho implica que el Estado tiene que comprometerse a garantizar a toda la población un acceso democrático, sin elitismo, a esas expresiones artísticas. Que la cultura sea un derecho, también implica que las y los trabajadores del sector necesitamos y merecemos condiciones dignas para realizar nuestra labor. Como venimos diciendo desde que nos constituimos en sindicato: ¡el arte es un trabajo digno igual que cualquier otro!

Que se reconozca el arte como trabajo digno implica que merecemos derechos laborales, como acceso a la salud, a riesgos laborales a pensiones aseguradas por el Estado, para que las personas que trabajan con el arte y cultivan las distintas tradiciones populares no tengan que llegar a la edad de retiro sin contar con lo básico para vivir. ¡Todas las personas trabajadoras de la cultura merecemos una seguridad social digna! Que la cultura sea un derecho implica que se democratice el uso de las salas en teatros y centros culturales del Estado. Queremos que las salas transparenten sus calendarios, que den precios y condiciones accesibles para la gestión independiente, que abran sus puertas a la diversidad de creadores y que el público también tenga acceso inclusivo sin ningún tipo de discriminación. ¡No más privatización de los espacios públicos!

Pero, sobre todo, ¡que la cultura sea un derecho, implica que necesita presupuesto! Consideramos un logro ya de esta manifestación que por fin se haya lanzado la convocatoria para el Festival Nacional de Teatro de 2022. Los festivales han sido siempre conquistas de nuestro sector teatral y debemos seguir profundizando nuestras demandas para que los criterios de selección sean cada vez más transparentes, incluyentes de las propuestas de todo el territorio nacional y representativos de la diversidad de corrientes estéticas. También debemos exigir transparencia sobre los montos de pagos por función y no olvidarnos de que el Festival no se llevó a cabo durante dos años consecutivos y que ese dinero debe aún ser reinvertido en el rescate del sector, que sigue buscando la forma de recuperarse de la crisis provocada por la pandemia y las malas gestiones culturales de ambos gobiernos.

Pero nuestra exigencia de presupuesto no se reduce al Festival de Teatro. Necesitamos fondos concursables de manera permanente: subsidios con convocatorias públicas y democráticas para aportar al sostenimiento de la diversidad de iniciativas y espacios culturales populares e independientes que mantienen vivo el arte en todo el país. Dichas convocatorias deben partir de la realidad del sector, de reconocer su amplitud, diversidad y necesidades tanto para la creación, como para la producción, la gestión, la formación, la investigación y la crítica. En este sentido, exigimos que se retome el Fondo Nacional de Estímulo a la Creación Cultural y Artística (FONECCA), desmantelado arbitrariamente durante la pandemia sin ningún tipo de información pública sobre adónde fueron destinados dichos recursos. Y reclamamos nuevos fondos, que diversifiquen la inversión de recursos a toda la geografía nacional con garantía de su acceso democrático, sin corrupción ni clientelismo.

Para lograr la institucionalización de estas necesidades, apoyamos la demanda histórica del sector teatral de una Ley de Teatro que regule la garantía por parte del Estado de los derechos culturales de la población y los derechos laborales de las trabajadoras y los trabajadores de las artes escénicas. Si algo hizo la pandemia del COVID-19 fue recordarnos la fragilidad de las condiciones en las que trabajamos, la facilidad con la que las autoridades abandonan y le recortan dinero a la cultura, por ejemplo con el recorte presupuestario del año 2022, y la necesidad de fortalecer nuestro brazo de lucha colectiva como sector teatral y cultural para conquistar nuestras reivindicaciones. Y eso es lo que hemos venido haciendo.

El Sindicato de Teatristas de la República Dominicana se ha formado para eso, para ser espacio de estudiar, consensuar y construir colectivamente las acciones que nos lleven a la formalización, profesionalización y dignificación de nuestro trabajo. Estamos conscientes de que para lograr esto debemos superar algunas fallas del pasado, como la subordinación del liderazgo teatral o cultural a los intereses partidarios de turno, en detrimento del desarrollo de las artes escénicas y sus profesionales. Lo hemos dicho claramente: somos independientes frente a este y cualquier gobierno, porque solo desde nuestra autonomía como sector podremos interpelar a las autoridades y seguir arrancando conquistas, sea a través del diálogo o ejerciendo nuestro derecho a la protesta.

Pero también rescatamos lo positivo de nuestra historia asociativa. El movimiento teatral ha estado conectado con lo más avanzado de nuestro movimiento social en muchos momentos de nuestra historia. Cuando más fuerte ha sido nuestro sector, más solidario ha sido con otros sectores. Por eso reconocemos que la demanda por los derechos culturales es parte de la lucha por todos los derechos sociales y ambientales del pueblo; que la conquista de nuestros derechos laborales como teatristas, incluyendo el derecho a la sindicalización, es parte de una lucha más amplia de la clase trabajadora del país y que requiere ser articulada con otros sindicatos y asociaciones tanto dentro como fuera del área de las artes y la cultura.

Lo hemos dicho y lo repetiremos: ¡La cultura es un derecho!

¡El arte es un derecho! ¡Exigimos presupuesto bajo el control democrático de las comunidades y las personas trabajadoras del sector artístico y cultural!

¡Qué viva la unidad del sector teatral! ¡Qué viva la unidad del sector cultural! ¡Qué viva la unidad de todo el movimiento social!

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