8M: Contra la precarización y la violencia, seguiremos en la lucha

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional

Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, las mujeres y disidencias en todos los continentes salimos a las calles porque nos sobran razones para manifestarnos, para impulsar la huelga en los centros de trabajo, para reclamar a los gobiernos por todos nuestros derechos.

La situación de la gran mayoría de las mujeres en el mundo sigue recrudeciéndose. A dos años de la pandemia del COVID 19 a nivel global, la clase trabajadora ha sufrido sus estragos, pero estos se han agudizado principalmente por la crisis capitalista que atenta contra nuestras condiciones de vida, con mayor explotación, pobreza, devastación ambiental y violencia. Las mujeres trabajadoras cargamos al doble las penurias de estas crisis. Es evidente que el sistema capitalista es incapaz de garantizar nuestros derechos más elementales, como el de la salud. La ONU reconoce que existe un retroceso de 10 años en cuanto a los derechos de las mujeres. La desigualdad que padecemos se ha profundizado.

La violencia patriarcal y la impunidad de los gobiernos son la otra pandemia que no se ha detenido. La ONU calcula que se cometen 137 feminicidios diariamente en el mundo, esto producto de la impunidad que permiten los gobiernos al desestimar estos crímenes, retirando recursos a los programas que atienden la violencia. Las redes de trata y de explotación sexual siguen siendo uno de los negocios más redituables del crimen organizado, dejando cuantiosas ganancias a empresarios y a gobernantes. Por ello, es muy importante que las compañeras de Turquía continúen con su exigencia de que se reanude el Convenio de Estambul, que protege de la violencia a las mujeres, y del cual el presidente Erdogan se retiró arbitrariamente. O que en México el movimiento feminista continúe exigiendo al gobierno de López Obrador que se detengan los asesinatos de periodistas, ambientalistas y el feminicidio, que ya cobra la vida de 11 mujeres diariamente. En Panamá continúan las denuncias contra funcionarios que han cometido abusos y acoso sexual contra las mujeres y particularmente contra los derechos de la niñez y la adolescencia.

La desigualdad laboral y económica se profundizan. La OIT ha señalado que, en estos años de pandemia, el aumento del desempleo en las mujeres es de más del 4%, pero en regiones como América alcanza más del 9%. Las políticas de ajuste que asumen los gobiernos con organismos imperialistas, como el FMI, arrebatan los derechos de la clase trabajadora en su conjunto, pero las mujeres somos más afectadas con despidos, salarios de miseria, trabajos precarios e informales, por lo que no contamos con prestaciones elementales como la de la seguridad social.

Las mujeres, que somos mayoría en el sector de la salud que ha estado en la primera línea de batalla contra el COVID-19, así como en el sector educativo, hemos sostenido a la educación pública a distancia y hemos regresado a la presencialidad. En ambos sectores las mujeres hemos estado en riesgo ante la falta de los equipos, insumos y recursos para garantizar la seguridad en los centros de trabajo y prevenir los contagios. El deterioro de la educación y salud públicas es producto del abandono por parte de los gobiernos, que prefieren privilegiar los recursos para pagar las deudas externas. Por ello, las mujeres han sido parte de movilizaciones en contra de estas medidas del FMI y las deudas que impone a los países, como se ha hecho en Argentina o Chile.

El empobrecimiento, la violencia y los desastres naturales provoca la migración forzosa, que crece peligrosamente, cada vez son más mujeres y sus familias las que se ven en esta situación, conformando la mitad de la población migrante y refugiada. A los gobiernos no les interesa que estos sectores queden en riesgo, como los países de la Unión Europea que repelen con vallas, policía y demás medidas antimigratorias para detener violentamente la migración proveniente de Asia y África. Al igual que la restrictiva política migratoria, la criminalización y persecución en contra de la migración venezolana por parte de gobiernos de México, Perú, Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Costa Rica, Colombia, Chile y Honduras, dejando a las mujeres venezolanas, que huyen de la precarización provocada por el plan de ajuste impuesto por el gobierno de Venezuela, expuestas a la trata con fines de explotación sexual, violencia sexual, violencia reproductiva y femicidios.

La marea verde no se detiene. Después de la legalización del aborto en Argentina en el 2020, continuó la despenalización en México y recientemente en Colombia. Sin embargo, los sectores de derecha intentan socavar este derecho. Las mujeres son las que han tenido que salir a exigirlo a sus gobiernos, como en República Dominicana, uno de los pocos países del mundo con penalización absoluta del aborto, en el que las compañeras se han movilizado exigiendo al menos tres causales para su despenalización. Los gobiernos, los sectores de derecha y la Iglesia se empeñarán en que no accedamos de este derecho de manera plena, ha sido en las calles donde las mujeres han podido lograr que el aborto se garantice en hospitales y clínicas, así como exigir la separación efectiva de la Iglesia y el Estado.

La lucha de las mujeres también tiene que dirigirse a la denuncia contra la Iglesia Católica y las instituciones religiosas, que a nivel global han atentado contra nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, vida y sexualidad, pero que además han cometido abusos sexuales contra niñas y niños, como el caso reciente de Francia en el que se señala el abuso que cometieron contra más de 300 mil infantes en las pasadas décadas. Los pederastas eclesiásticos deben ser juzgados y castigados.

Ninguno de los gobiernos garantizará el respeto pleno de nuestros derechos, al contrario, se han dedicado a reprimir y criminalizar al movimiento de mujeres y disidencias. La Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta – Internacional seremos parte de la jornada del 8M, llamamos a las mujeres trabajadoras, de la disidencia sexual, de los pueblos originarios, a las migrantes, a las afrodescendientes, mujeres con discapacidad y mujeres trans a que sigamos tomando las calles, organizadas y movilizadas de manera independiente, alzando la voz para que se detenga toda violencia machista, contra la precarización económica y la criminalización de la protesta feminista. Apoyamos la lucha de las mujeres afganas contra el régimen Talibán que atenta contra sus derechos, con las palestinas contra la invasión y genocidio del estado sionista de Israel. Este 8M tiene que ser también una jornada de lucha internacionalista de repudio a la invasión de Putin a Ucrania y sus criminales bombardeos. Las mujeres ucranianas se suman a la resistencia. Se han visto imágenes de mujeres armando molotovs que recorren el mundo. El 8M mostremos nuestra solidaridad con las mujeres y el pueblo de Ucrania, para derrotar la intervención imperialista de Putin y repudiar toda injerencia imperialista en Ucrania, sea de Rusia, la OTAN o Estados Unidos. Todos se mueven por sus intereses capitalistas. Apoyamos la resistencia del pueblo de Ucrania y su libre derecho a la autodeterminación y nos solidarizamos también con el pueblo de Rusia que reclama contra la guerra y lucha contra el régimen criminal de Putin.

Saldremos a las calles por un movimiento anticapitalista, antipatriarcal, antirracista, anticlerical, por la unidad de todas las mujeres trabajadoras.

¡No al pago de las deudas externas, recursos para salud, educación, trabajo y atención a la violencia! ¡La deuda es con nosotras, no con el FMI!
¡Trabajos seguros, salarios dignos y salario igual por un trabajo igual!
¡Ni una menos, ni una muerta más! ¡Alto a las desapariciones, feminicidios y transtravesticidios!
¡Desmantelamiento de las redes de trata y explotación sexual! ¡Castigo a los tratantes, funcionarios y empresarios cómplices!
¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!
¡Separación efectiva de la Iglesia y las instituciones religiosas y el Estado!
¡Basta de violencia sexual contra las infancias! ¡Son niñas, no madres!
¡Qué se abran las fronteras, ninguna persona es ilegal! ¡Respeto pleno a los derechos de las y los migrantes!
¡Basta de criminalizar a las que luchan!
¡Por un feminismo trans-inclusivo!
¡Viva la lucha de las mujeres trabajadoras en el mundo!

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