El asesinato de la estudiante Sagrario Díaz por parte del régimen balaguerista

Deivis Cabrera

El 4 de abril se conmemoró un nuevo aniversario del cerco y ocupación policial de la UASD en cuyo marco se generó el ataque que provocó la muerte de Sagrario Díaz y heridas a decenas de estudiantes. Todo comenzó el martes 4 de abril de 1972. Ese día, la Policía Nacional rodeó el campus de la UASD. Alegaban estar buscando al militante comunista Tácito Leopoldo Perdomo Robles, supuestamente escondido allí. El rector, Jottin Cury, lo negó rotundamente. Pero eso no detuvo el cerco.

La universidad estaba en pleno período de inscripción, la docencia aún no había comenzado. Reinaba la tranquilidad, pero ese día sería recordado por la violencia. Tras cinco horas, las fuerzas policiales decidieron irrumpir violentamente. Los estudiantes que se encontraban en la Rectoría, al ver que los policías avanzaban, comenzaron a entonar el Himno Nacional. Fue entonces cuando empezaron los disparos, las ráfagas de ametralladoras y las bombas lacrimógenas.

Entre gritos de “¡No disparen!” se vivió un caos. Cuando el tiroteo se detuvo, los estudiantes comenzaron a auxiliar a los heridos. Entre ellos, Sagrario Díaz, quien había sido alcanzada por un disparo en la cabeza. Sagrario fue cargada por su hermano, Fidias Omar Díaz, también herido. Con la voz rota por el dolor, gritó: “¡Me mataron a mi hermana, mírenla, está muerta!”. Pero la represión no se detuvo ahí. Golpes, culatazos y detenciones continuaron. El saldo fue desolador: decenas de heridos, cientos de detenidos, destrozos en el campus, un país consternado y una estudiante universitaria entre la vida y la muerte.

Sagrario, oriunda de Barahona, era una destacada estudiante de Economía. A sus 24 años, se había ganado el respeto y la admiración de sus compañeros por su liderazgo y compromiso. Formaba parte del Claustro Universitario y dirigía el periódico «Criterios y Opiniones». Fue operada durante 4 horas por el Dr. José Joaquín Puello. Había llegado en estado agónico a la clínica Gómez Patiño. Mientras tanto, el país seguía en vilo el desarrollo de su condición de salud.

El 5 de abril, estudiantes de la Universidad Católica Madre y Maestra suspendieron la docencia y bloquearon la autopista Duarte. La indignación era general. Los gritos de los heridos y el estado de Sagrario conmovieron al país entero. La UASD seguía ocupada por fuerzas militares. Se suspendieron las clases en toda la capital. La UNPHU también salió a protestar. El 8 de abril, cientos de sus estudiantes abandonaron las aulas en rechazo a la represión.

Incluso los colegios católicos privados suspendieron clases por dos días. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) llamó a una huelga general. La sociedad exigía: justicia, sanción a los responsables, desocupación del campus de la UASD. Presionado por la intensa ola de protestas, el presidente Joaquín Balaguer ofreció una rueda de prensa en la que condenó públicamente la actuación policial y prometió una investigación para sancionar a los responsables.

El gobierno incluso permitió que Tácito Perdomo y su esposa, la periodista Margarita Cordero, salieran del país por el Aeropuerto Las Américas. Pero ya el daño estaba hecho. Y Sagrario seguía luchando por su vida. Tácito terminaría siendo balaguerista. ¡Ay, la vida!

El 14 de abril, Sagrario Díaz murió. Fueron 240 horas y 45 minutos de agonía. Su muerte fue una herida abierta en la conciencia nacional. Su velorio se convirtió en una manifestación contra el régimen. Se estima que entre 50,000 y 100,000 personas acompañaron el cortejo fúnebre. Fue enterrada en el Cementerio de la Máximo Gómez. Hoy, 53 años después, seguimos preguntando: ¿Dónde está la justicia?

La Policía envió a la Justicia civil al Tte. coronel Francisco A. Báez Mariñez, el cabo Pascual Solís Vargas y siete rasos por los hechos del 4 de abril de 1972 en la UASD. Acusados por la muerte de Sagrario Díaz, ninguno fue condenado. La impunidad reinó.

Sagrario no solo fue una víctima. Fue un símbolo de resistencia. En vida, fue líder, escritora, dirigente. Fue parte de múltiples espacios de participación en la UASD. Recordamos a Sagrario Díaz no solo como mártir, sino como una mujer brillante, comprometida, valiente. Su muerte fue una de tantas atrocidades durante los 12 años de Joaquín Balaguer.

Publicado originalmente en forma de hilo por el autor en su cuenta de X

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