La hipocresía de Abinader desenmascarada por la comunidad dominicana de ascendencia haitiana

Introducción de La Voz de los Trabajadores: A propósito del cumplimiento de dos años de mandato de Luis Abinader, el Movimiento Reconocido le dirigió una carta abierta donde compara el discurso del presidente en 2013, cuando se oponía a la Sentencia 168-13 que despojó de la nacionalidad a cientos de miles de dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana, con la realidad de su gobierno, donde ha mantenido y recrudecido una política de segregación racial y violación del derecho fundamental a la nacionalidad.

A propósito de cumplirse hoy nueve años de dicha sentencia, La Voz de los Trabajadores reproduce la carta íntegra en la que se evidencia la hipocresía de Abinader y su gobierno racista.

PRESIDENTE LUIS ABINADER

El 16 de agosto se cumplieron dos años del inicio de su gobierno. Lamentablemente, para la comunidad dominicana de ascendencia haitiana privada de la nacionalidad por la sentencia 168-13, no ha habido cambios hacia la superación del legado de discriminación y marginación que dejaron los pasados gobiernos.

En estos dos años ha continuado una segregación racial en la que tenemos menos derechos que el resto de las personas dominicanas, y nuestra situación se agrava debido a que sufrimos detenciones arbitrarias por parte de agentes policiales y migratorios.

En lo que sí hubo un cambio importante es en su discurso y su posición. Para ver lo que le diría el Abinader de ayer al Abinader de hoy, basta con leer su discurso durante el acto titulado “Abrazo solidario”, en el Aula magna de la UASD, un acto en solidaridad con las personas de ascendencia haitiana. Usted lo debe recordar. Era el 5 de diciembre de 2013, habían transcurrido poco más de dos meses de la sentencia 168-13. Esto fue lo que usted dijo:

“Vivimos un momento dramático. El país parece haber abandonado el gobierno de la razón por el gobierno de las emociones. Los sentimientos desbordados son malos consejeros, las grandes tragedias de la humanidad fueron el resultado de las emociones incontroladas. La peor de las emociones es el miedo. El miedo arropa la geografía espiritual de muchos de nuestros conciudadanos. Los países asustados, como los individuos, se tornan muchas veces hostiles, y esa hostilidad, debo decirlo con pena y con vergüenza, está haciendo daño a muchos dominicanos y dominicanas. Es un momento para la responsabilidad, no caben las posturas ambiguas, o se defiende la dignidad de las personas o se está en contra de ella.

El pensador y filósofo francés (Tzvetan) Todorov hizo una descripción, oportuna hoy, sobre la diferencia entre países bárbaros y civilizados: Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior… Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros distintos.

Decisiones injustas, poco civilizadas, están quitándole el derecho a la nacionalidad a dominicanos y dominicanas de rostros distintos. Hoy, hemos venido a solidarizarnos con todos ellos, lo hacemos porque pudimos ser uno de ellos. Yo, como muchos otros miles de dominicanos, soy descendiente de inmigrantes, mi historia personal se parece a la de muchos afectados. Los Abinader, como muchos otros, llegaron al país escapando de la intolerancia política, religiosa y de las dificultades económicas de una zona desolada por las guerras. El primer Abinader llegó aquí como los demás jóvenes que seguían los relatos de grandes oportunidades que les llegaban de familiares o amigos que habían viajado a este lado del mundo en busca de libertad y medios de vida… Todos los inmigrantes europeos y asiáticos que venían a las Américas en el siglo XIX en busca de fortuna, solo traían la ropa que llevaban encima. Las condiciones de vida de esos primeros inmigrantes al llegar aquí no eran diferentes de las que vemos de los inmigrantes de hoy. El Eco del pueblo en Santiago recoge que 1884 los árabes andaban con vestimentas inadecuadas, trabajaban arduamente en la única opción para integrarse al mercado laboral que fue la de trabajar en las calles, como buhoneros en la venta ambulante… Esos, los buhoneros vivían día a día con lo puesto y durante años hacinados en casas en tan mal estado que casi se venían abajo. El historiador Jaime de Jesús Domínguez dice que en 1910 unos 47 árabes vivían juntos en una sola casa, con gran pobreza. Durante dos décadas se mantuvo ese estilo, pero esa actividad buhonera permitió a la comunidad árabe dominar el comercio por lo menos en las ciudades principales y hoy son el tronco de familias que aportan mucho a la sociedad dominicana.

Estoy en la vida política porque quiero garantizar a todos los dominicanos y dominicanas igualdad ante la ley. Un país civilizado no debe tolerar ningún tipo de discriminación. La constitución y las leyes están de su lado, los acuerdos internacionales suscritos por el país nos obligan a respetarles sus derechos. Ustedes no están solos, cuenten conmigo, cuenten con todos nosotros, cuenten con sus compatriotas de buena voluntad, permaneceremos a su lado hasta que el miedo desaparezca de la mente de muchos y volvamos a ser la República Dominicana que realmente es un país unido y solidario para siempre”.

Presidente Abinader, ahora es realmente el momento de la responsabilidad. Ahora es que está en sus manos poner fin a la violación de los derechos humanos de las personas dominicanas de ascendencia haitiana. ¿Mantendrá vigente la política que usted mismo definió como “poco civilizada”, de negarnos la nacionalidad y la igualdad de derechos? ¿Se posicionará a favor de la dignidad de las personas o seguirá violentándola?

¿Disipará el temor infundado hacia los inmigrantes haitianos y sus hijos y nietos dominicanos, que alimenta el odio racista y la discriminación, o seguirá estigmatizándonos como una carga para el Estado y una supuesta amenaza a la soberanía, persiguiéndonos incluso en las escuelas y los hospitales? ¿Le seguirá negando a las personas dominicanas de ascendencia haitiana las oportunidades que sí tuvieron los hijos y nietos de inmigrantes provenientes de Europa y el Medio Oriente, como usted, de participar plenamente de la vida social, económica y política del país? ¿Dará pasos concretos para “civilizar” a la República Dominicana en el sentido de eliminar definitivamente la discriminación racial?

Usted debe conocer el proverbio árabe que nos recuerda que hay cuatro cosas que no pueden deshacerse: la bala disparada, la palabra dicha, el tiempo pasado y la oportunidad perdida. Las palabras que usted pronunció no pueden borrarse, tampoco los años que han transcurrido desde 2013, incluidos los dos años de su gobierno. No pierda definitivamente la oportunidad de corregir la gran injusticia que el Estado dominicano ha cometido en contra de nosotros y nosotras.

Carta tomada de: https://www.reconoci.do/carta-abierta/

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