Repudiamos el asesinato del dirigente campesino Félix Vásquez por parte de sicarios del régimen hondureño


Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores de la República Dominicana

Propuesta Socialista de Panamá


El 26 de diciembre sicarios irrumpieron en el hogar del dirigente Félix Vásquez, Secretario General de la Unión de Trabajadores del Campo (UTC), y lo acribillaron de manera cobarde y alevosa. Vásquez también era dirigente del Movimiento Independiente Indígena Lenca de La Paz-Honduras (MILPAH), miembro del Fondo Cafetero Nacional y precandidato a diputado nacional. Se trata del más reciente en una larga estela de crímenes contra el pueblo trabajador hondureño por parte de la narcodictadura encabezada por Juan Orlando Hernández.

Vásquez vivía en el departamento de La Paz, donde se había destacado en la lucha de las comunidades indígenas en contra del establecimiento de empresas hidroeléctricas y mineras a la que están vinculados los mafiosos funcionarios del régimen. Organizaciones de derechos humanos hondureñas denuncian el asesinato de más de 20 ambientalistas, activistas de organizaciones campesinas e indígenas por su oposición a los proyectos ambientalmente depredadores de la burguesía en el departamento de La Paz. Otras doce personas de la zona tienen medidas cautelares de protección debido a amenazas de muerte. El propio Félix Vásquez había denunciado en reiteradas ocasiones las amenazas en su contra, pero le fue negada la protección por las mismas autoridades que son responsables políticas e intelectuales de su asesinato.

El régimen también ha acumulado un importante número de presos políticos, como los Ocho de Guapinol, por cuya liberación Félix Vásquez venía participando en movilizaciones. Los convenios internacionales suscritos por el Estado hondureño le obligan a realizar consultas previas con los pueblos indígenas antes de realizar proyectos que afecten sus territorios, pero la narcodictadura hondureña los violenta de manera abierta, empleando el más crudo terrorismo para imponer sus negocios.

El régimen hondureño actual surgió del golpe de Estado apoyado por EEUU en el año 2009. Juan Orlando Hernández fue electo en dos procesos fraudulentos en 2013 y 2017, ante los cuales hubo enormes protestas populares, y se ha sostenido por medio de la represión. En marzo de 2016 fue perpetrado el abominable asesinato de Berta Cáceres, dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), por oponerse al proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca. Su asesinato fue instigado por el Consejo Hondureño de la Empresa Privada y fue precedido de intimidación y persecución por parte del gobierno.

Muchos de estos proyectos mineros e hidroeléctricos involucran tanto a intereses de capitales transnacionales como de la burguesía local y de sus operadores en el gobierno y en el Partido Nacional Hondureño, un narco partido. Tal es el caso de la congresista Gladis Aurora López, directamente involucrada en el proyecto de la hidroeléctrica de Los Encinos. En cuanto al carácter lumpen del sector burgués que gobierna y sus actividades de narcotráfico, ha sido denunciada hasta por organizaciones conservadoras que en su momento apoyaron el golpe de 2009, como la Conferencia Episcopal.

El principal patrocinador de la dictadura, el gobierno estadounidense que cada año envía millones de dólares en ayuda militar, incluso detuvo y condenó el año pasado al hermano de Juan Orlando Hernández, Juan Antonio, por delitos de narcotráfico. El hecho desbordó el descontento acumulado y el pueblo hondureño se levantó en una poderosa rebelión por la caída de la dictadura, aunque las vacilaciones de las dirigencias políticas tradicionales obstaculizaron la lucha.

Organismos como la OEA han sido cómplices de la consolidación del criminal régimen. No se puede olvidar que los gobiernos de Colombia y Venezuela promovieron en 2011 el reingreso del régimen hondureño a la OEA, de donde había sido expulsado luego del golpe de 2009. La región centroamericana padece bajo regímenes autoritarios en El Salvador y Guatemala, dictaduras en Nicaragua y Honduras, y gobiernos ajustadores y antiobreros en Costa Rica y Panamá. En el Caribe el imperialismo también apoya la dictadura de Jovenel Moïse en Haití.

Debemos levantar un amplio movimiento regional en defensa de las libertades democráticas y las luchas populares, contra las dictaduras y la injerencia imperialista.
Llamamos a la más amplia solidaridad con el pueblo hondureño. Cárcel a los asesinos de Félix Vásquez y justicia para todas las víctimas del sicariato en el movimiento campesino, indígena, popular y obrero. Abajo la dictadura de Juan Orlando Hernández.

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