Amaury Rodríguez
Foto: Acto electoral de Abinader y el Frente Amplio, noviembre de 2019
La izquierda revolucionaria de la República Dominicana se encuentra sumida en una crisis persistente en un momento en que el Estado dominicano se encuentra bajo el control absoluto de la clase capitalista y la extrema derecha está en auge a nivel local e internacional. Estas organizaciones de izquierda, que se autoidentifican mayoritariamente como marxistas-leninistas y generalmente de inspiración maoísta, surgieron en la década de 1960 y mantuvieron una gran actividad durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Una característica distintiva de estas organizaciones es su composición de militantes históricos con una edad promedio de alrededor de setenta años.
La vieja izquierda dominicana tiene una fuerte conexión con las luchas ambientalistas, enfocadas en la lucha en contra de multinacionales mineras como la Barrick Gold y en la defensa de todos los recursos naturales. Mientras tanto, casi no existen organizaciones obreras ni organizaciones estudiantiles de izquierda. Con un código laboral draconiano que prohíbe las huelgas y un ataque neoliberal en curso contra la educación pública, los sindicatos y las organizaciones estudiantiles existentes desempeñan un papel marginal en la lucha contra la represión estatal y la co-optación de activistas por parte de los partidos políticos, las ONGs y el Estado. Si bien existen pequeños colectivos juveniles feministas, LGBTIQ y antirracistas, la orientación política de estos no se alinea plenamente con la política de izquierda o la política revolucionaria.
Al igual que en otros países del Caribe y América Latina, las oleadas de lucha revolucionaria y los giros políticos autoritarios tienden a moldear e influir en la política dominicana. En ese sentido, la vieja izquierda dominicana sigue los pasos de la izquierda campista (tankie) en su apoyo incondicional a los estados socialistas burocratizados. Además, y en total contradicción con la política revolucionaria, estas organizaciones de izquierda simpatizan con el bloque económico BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que no solo continúa sus relaciones comerciales con el Estado sionista y racista que lleva a cabo el genocidio en Gaza, sino que también incluye gobiernos de extrema derecha como los de Vladimir Putin de Rusia y Narendra Modi de India. Operando con una mentalidad de la Guerra Fría, los gobiernos de los BRICS defienden la idea de un orden mundial capitalista multipolar dividido en distintos bandos geopolíticos en confrontación con el imperialismo estadounidense.
En una reunión del 13 de julio de 2025, seis organizaciones de izquierda dominicanas discutieron su calamitosa situación actual al reflexionar sobre el estado actual de la izquierda y el futuro que les depara: el Movimiento Popular Dominicano(MPD), el Partido Comunista del Trabajo (PCT), el Movimiento Caamañista (MC), la Fuerza de la Revolución (FR), el Referente de la Izquierda Dominicana (RID) y el Partido Patria para Todos y Todas (PPT). El encuentro forma parte de la intención de la vieja izquierda de cerrar la brecha creada por las diferencias políticas y los conflictos históricos. Según el informe de uno de los participantes, los delegados reconocieron el error de la izquierda al descuidar el trabajo político con la clase trabajadora, el campesinado, la juventud, las mujeres y el ámbito cultural. Además, en un inusual momento de honestidad para una izquierda que no siempre ha sido autocrítica, los asistentes admitieron que “la izquierda actualmente carece de un relevo generacional, una situación grave que debe abordarse con urgencia para superarla”.
Si bien es cierto que la izquierda dominicana necesita sangre nueva, la esencia del problema va más allá del relevo generacional. Reemplazar a la vieja guardia sin cambiar el rumbo político no implica renovación ni cambio alguno. Además de la edad, el principal problema que enfrenta la izquierda dominicana es la colaboración de clase e ideológica, ya que algunos sectores de la vieja izquierda respaldaron la campaña presidencial del actual presidente derechista Luis Abinader en 2020 e incluso formaron alianzas con su partido, el pro-capitalista Partido Revolucionario Moderno (PRM). Este fue el caso del Partido Comunista del Trabajo. El PCT tiene un largo historial de electoralismo oportunista. En el 2007, el secretario general del PCT causó revuelo cuando él y otros miembros se reunieron con Pedro de Jesús Candelier, ex jefe de la policía con un largo historial de brutalidad policial y ejecuciones extrajudiciales, quien se postulaba a la presidencia a base de una plataforma populista y de mano dura contra la delincuencia.
Mientras que sectores de la vieja izquierda apoyan la política electoral y no temen la colaboración de clases abierta, grupos de izquierda como el Movimiento Caamañista (nombrado en honor a Francisco Alberto Caamaño, uno de los líderes de la revolución de 1965) han mantenido a lo largo de los años una orientación abstencionista que ha generado una desconexión con la clase trabajadora. La abstención electoral del Movimiento Caamañista lo dejó políticamente desprevenido al caracterizar al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) como una dictadura que jamás perdería las elecciones. En consecuencia, el Movimiento Caamañista no comprendió la continuidad institucional que representaría la victoria electoral del PRM.
Hegemonía de la derecha
Bajo la presidencia de Luis Abinader, un acaudalado empresario de ascendencia libanesa y estrecho aliado de Washington y el Estado sionista, la sociedad dominicana vive bajo un estado de excepción de facto que ha suspendido los derechos constitucionales de la clase trabajadora, en particular de los inmigrantes haitianos, los dominicanos de origen haitiano y los dominicanos negros. En una respuesta populista a las demandas del movimiento Marcha Verde, surgido en el 2017, y dado que la vieja izquierda no logró impulsar el movimiento más allá de las consignas liberales, Abinader hizo campaña como candidato del cambio, basándose en una plataforma anticorrupción y liberal que incluía una despenalización parcial del aborto. Mediante una bien orquestada campaña publicitaria, Abinader prometió “restaurar la democracia” y crear una “justicia independiente y la separación de poderes” (en lo cual ha fracasado rotundamente) tras dos décadas de gobierno derechista del PLD. Tras ser elegido, Abinader pronto dio un giro a la derecha.
Al llegar al poder durante la crisis del Covid-19, Abinader recurrió a duras medidas represivas para imponer confinamientos y llevar a cabo arrestos masivos de jóvenes negros dominicanos en los barrios de clase trabajadora donde incluso las fiestas en las calles eran atacadas por las fuerzas policiales.
Desde el 2020, Abinader, mientras culpaba al pueblo haitiano de los males sociales del país, ha llevado a cabo deportaciones masivas de inmigrantes haitianos, independientemente de su estatus legal. Abinader y su gobierno también han tolerado el crecimiento del movimiento fascista local y su ala paramilitar, la Antigua Orden Dominicana (AOD). El 30 de marzo de 2025, por ejemplo, su gobierno permitió una marcha fascista en Hoyo de Friusa, un barrio mixto dominico-haitiano, una provocación incendiaria destinada a polarizar aún más a la sociedad dominicana sobre el tema de la inmigración y a seguir propagando la xenofobia y el racismo antihaitiano. El gobierno de Abinader no solo autorizó la marcha, sino que proporcionó una escolta militar del Ministerio de Defensa a petición de los neonazis. Cuando estalló la violencia, el gobierno y la AOD declararon unánimemente que la violencia había sido obra de “infiltrados” misteriosos que nunca fueron identificados a pesar de las decenas de arrestos. Y finalmente, el gobierno hizo lo que exigía la marcha: demolió por completo un barrio con más de trescientas viviendas para llevar a cabo una limpieza racial en la zona. Una semana después, Abinader anunció una serie de quince medidas gubernamentales anti-haitianas, incluyendo la eliminación del derecho a la atención médica pública y gratuita para los inmigrantes.
Abinader no ha actuado solo ya que el resto de la clase política ha sido cómplice de la campaña racista y anti-haitiana en curso.
Como de costumbre, la clase dominante en la República Dominicana utiliza el racismo como arma política para dividir y dominar. Como observa la escritora izquierdista Lilliam Oviedo, esta campaña reaccionaria, basada en elementos fascistas, “tiene como objetivo ocultar (y, de ser posible, negar) la existencia de la lucha de clases”.
En un clima tan represivo, la disidencia apenas se tolera y la izquierda dominicana no ha podido desafiar eficazmente al presidente Abinader, sus políticas reaccionarias o a la extrema derecha. En cuanto a la debilidad política de la vieja izquierda dominicana frente al gobierno, cabe mencionar la oportunidad perdida durante la marcha conmemorativa del sesenta aniversario de la Revolución de Abril de 1965, una marcha liderada por la izquierda y que fue relativamente grande y diversa en su composición. Sin embargo, cuando el gobierno exigió que se realizara una depuración racial en la marcha y que los organizadores no permitieran la asistencia de trabajadores haitianos, la vieja izquierda dominicana no hizo nada para desafiar las órdenes gubernamentales. Tras la represión de la marcha con un ataque policial a ancianos trabajadores de la caña de azúcar y posteriormente con ataques de paramilitares fascistas mientras la marcha se dispersaba, las organizaciones de izquierda que la convocaron agradecieron al gobierno por respetarla en gran medida (y se abstuvieron de denunciar los ataques y la represión). Esto creó una desconexión con los jóvenes activistas, quienes no vieron motivos para agradecer al gobierno.
Mientras tanto, un gran número de gente del pueblo han llegado a la conclusión de que la política electoral no conducirá a un cambio real mientras la falta de alternativas progresistas o revolucionarias siga dejando el campo político abierto al nacionalismo de derecha y a la política de extrema derecha.
Una crisis ininterrumpida
La crisis de la izquierda dominicana no es un fenómeno nuevo. Tiene sus raíces en el régimen de los Doce años de Joaquín Balaguer (1966-1978) quien presidió un régimen contrarrevolucionario instaurado por las tropas de ocupación estadounidenses tras la derrota de la revolución democrática de 1965, cuyo objetivo había sido restituir a Juan Bosch al poder. Depuesto en un golpe militar derechista respaldado por Estados Unidos en 1963, el gobierno reformista de Bosch representó una bocanada de aire fresco tras convertirse en el primer gobierno elegido democráticamente desde la caída de la dictadura de Trujillo en 1961, una dictadura pro-israelí alineada con Estados Unidos.
La campaña de exterminio del fanático anticomunista Balaguer en contra de militantes revolucionarios, sindicalistas y otros disidentes decapitó a la mayor parte de los líderes de la izquierda dominicana y envió a cientos de personas al exilio. Bajo el régimen de Balaguer, escuadrones de la muerte como la Banda Colorá lanzaron una oleada de asesinatos contra izquierdistas, estudiantes y periodistas. Los tentáculos represivos del Estado también alcanzaron al exilio. En 1971, el asesinato de Maximiliano Gómez (también conocido como El Moreno), líder del Movimiento Popular Dominicano, conmocionó el panorama político dominicano. El asesinato de Gómez, el cual se cree fue obra de un agente de la CIA, tuvo lugar en Bélgica, donde vivía exiliado. Tras su asesinato, otro asesinato, esta vez más atroz, conmocionó a la izquierda dominicana cuando se encontraron los restos de una mujer en maletas en Bruselas, identificada posteriormente como Miriam Pinedo, viuda de Otto Morales, ex secretario general del MPD quien había sido asesinado en 1970 por una unidad policial en la República Dominicana.
Simultáneamente, el sectarismo y las divisiones fracturaron y debilitaron aún más a la izquierda durante las décadas posteriores. Un evento en particular, la ruptura sino-soviética, provocó luchas internas en la izquierda ya que las organizaciones revolucionarias se disputaban cuál organización representaba al partido revolucionario de vanguardia y cuál tenía la línea política correcta, a pesar de que algunos de estos grupos carecían de cualquier tipo de estructura formal y, en la mayoría de los casos, carecían de una comprensión básica del marxismo.
Pero fue el giro hemisférico hacia la insurrección armada, encabezado por la Revolución Cubana y la Teoría del Foco del Che Guevara, lo que jugó un papel importante en la división de la izquierda dominicana en pequeños grupos y sectas. El fracaso de la lucha armada, en concreto la derrota de la invasión guerrillera de 1973 lanzada desde Cuba por el ex-coronel Caamaño, resultó catastrófico al final. Su derrota no solo asestó un duro golpe a la idea de derrocar al sangriento régimen de Balaguer mediante la fuerza militar, sino que fue tan desmoralizante que desencadenó una oleada de acusaciones y reprimendas dentro de un movimiento de izquierda sometido a la vigilancia constante tanto del Estado como de la CIA. En el contexto dominicano, el foco guerrillero se había convertido en una táctica ineficaz e inútil que terminó prolongando el régimen. En una entrevista de 1975, Rafael (Fafa) Taveras, un destacado dirigente revolucionario en ese momento que estuvo preso cinco años como prisionero político, argumentó que “los hechos hablan tan claramente que hasta los ciegos pueden verlos: el foco guerrillero no es ni será viable en el país”.
En 1978, el régimen sufrió una rotunda derrota electoral a manos del nominalmente socialdemócrata Partido Revolucionario Dominicano (PRD), abriéndose un nuevo ciclo político que encontró a la izquierda revolucionaria en un nuevo terreno político: un período de transición marcado por el predominio de la política reformista encarnada tanto en el PRD como en el PLD.
Si bien la izquierda perseveró en este clima político, se autodestruyó e hizo añicos sus propios esfuerzos. Por ejemplo, en lo que se considera una de las conquistas obreras más importantes de la década de 1980, la formación del Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD), los sectores de izquierda involucrados en su formación terminaron capitulando ante el reformismo y uniéndose al PRD como aliado electoral.
Sin embargo, el PRD abandonó su “nacionalismo revolucionario”, abrazó el neoliberalismo y siguió el consejo del Fondo Monetario Internacional de reestructurar la economía mediante la imposición de un programa de ajuste estructural. Ello resultó en que en abril de 1984, un amplio segmento de la población salió a las calles en lo que se convirtió en una revuelta popular contra los altos precios de la gasolina y los alimentos, poniendo fin a la imagen socialdemócrata y progresista que cultivaba el PRD. Este acontecimiento allanó el camino para el regreso de Balaguer al poder en 1986.
El PLD, el otro partido reformista hegemónico en el espectro político de la centro-izquierda, en los años 1990 también abrazó el neoliberalismo, atrajo a miembros de varias formaciones como el Partido Socialista Popular (PSP), los Comités Revolucionarios Camilo Torres (CORECATOS) y el Partido Socialista (PS). Curiosamente, en esta transformación desde ideologías socialistas a abanderados del neoliberalismo, el racismo antihaitiano fue fundamental, especialmente para aquellos ex-revolucionarios de origen pequeñoburgués y de clase media como Miguel Cocco, antiguo dirigente de los CORECATOS, quien jugó un papel clave en la formación del Frente Patriótico, una alianza electoral, xenófoba y antihaitiana, que unió al PLD con políticos de ultraderecha como Balaguer y Vincho Castillo, dos propagandistas racistas que sirvieron a la dictadura de Trujillo.
Al igual que en el apogeo de la Unión Soviética de Stalin y de la República Popular China bajo Mao Zedong, sectores de la izquierda dominicana vieron proyectos políticos represivos, estatistas y nacionalistas como modelos a emular en la lucha por un futuro anticapitalista y emancipador.
En espera del Mesías
En respuesta al clima de terror bajo Abinader, sectores de la izquierda dominicana debaten la construcción de un frente electoral de izquierda para el próximo ciclo electoral de 2028. A diferencia de países suramericanos como Brasil, Argentina o Ecuador, donde un ascenso de la izquierda llevó al poder a gobiernos reformistas y progresistas, la República Dominicana ha carecido de un movimiento social fuerte que pudiera haberla inclinado hacia la izquierda.
Desde el surgimiento de los regímenes de la Marea Rosa, la vieja izquierda dominicana ha adoptado y, en muchos casos, copiado parte del lenguaje y las orientaciones políticas emanadas del giro a la izquierda en las Américas. En lugar de bailar a su propio ritmo, la vieja izquierda dominicana adopta una postura moderada, acercándose a las corrientes reformistas, de centro- izquierda y progresistas.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución del Bloque Socialista, algunos sectores de la vieja izquierda dominicana han concentrado sus energías en la política electoral en lugar de organizar a los trabajadores y campesinos y movilizar a las masas en las calles. Adoptar este enfoque implicó cultivar una imagen de “respetabilidad” para atraer a los votantes moderados y de clase media, abandonando las reivindicaciones izquierdistas, como en el caso de Fuerza de la Revolución (FR), que en su día fue un reagrupamiento prometedor de izquierda encabezado en 1996 por el ahora extinto Partido Comunista Dominicano (PCD) y varias organizaciones de izquierda más pequeñas.
Una vez más, la vieja izquierda dominicana se ve sumida en la frustración por no haber logrado construir una alternativa electoral duradera. Al no priorizar la movilización política de los trabajadores y sectores populares, independientemente de su nacionalidad, y, de esta manera, desafiar las campañas racistas que han caracterizado la política dominicana desde finales de la década de 1990, este enfoque electoral ha propiciado una mayor fragmentación de la clase trabajadora.
Históricamente, la clase dominante dominicana ha desempeñado un papel reaccionario en el Caribe y Latinoamérica debido a su relación servil con el imperialismo estadounidense. En 1937, el Estado perpetró un genocidio contra el pueblo haitiano y los dominicanos negros en la frontera dominicano-haitiana. Por consiguiente, es importante que los revolucionarios de la región caribeña comprendan claramente la situación política en esta pequeña nación caribeña y la posibilidad de construir un frente unido con el vecino Haití para combatir las deportaciones masivas de haitianos desde territorio dominicano, la intervención imperialista en Haití y la destrucción ecológica en ambos países así como para apoyar la autodefensa popular contra las bandas en Haití respaldadas por la élite empresarial, a la vez que luchan por las libertades civiles en ambos lados de la isla.
Construir una nueva izquierda socialista
Es evidente que será extremadamente difícil para los líderes y organizaciones de la izquierda histórica de la República Dominicana recuperar su credibilidad y prestigio si continúan apoyando regímenes pseudosocialistas y autoritarios que reprimen a su propio pueblo. Además, las prácticas antidemocráticas de la vieja izquierda, el reformismo y el nacionalismo, constituyen un obstáculo para la reconstrucción de una nueva izquierda internacionalista, antirracista, feminista, de clase trabajadora, pro-LGBTIQ, pro-inmigrante y abiertamente socialista.
Se requerirá una lucha y organización seria en los barrios obreros, centros de trabajo y escuelas para consolidar una nueva izquierda dominicana. En ese sentido, para reconstruir una izquierda anticapitalista, democrática y no dogmática, y que eventualmente siente las bases para la formación de un partido socialista revolucionario, es necesario romper con el modelo de partido de liderazgo altamente centralizado, burocrático y vertical. Es imperativo que los trabajadores, campesinos, personas LGBTIQ+, inmigrantes haitianos y otros sectores populares desempeñen un papel protagónico en el movimiento socialista.
Además, los sectores radicales de las comunidades diaspóricas que se oponen a las políticas reaccionarias del Estado dominicano también pueden contribuir a la construcción de un nuevo proyecto de izquierda. Es crucial que esta nueva izquierda recupere la historia de la resistencia antiimperialista y, al mismo tiempo, mantenga una postura clara y firme en la lucha contra el imperialismo estadounidense, así como contra las nuevas potencias imperialistas que se están expandiendo en las Américas como China y Rusia.
Finalmente, la clave del éxito de la nueva izquierda será establecer relaciones de colaboración con las organizaciones populares haitianas que consoliden su eficacia en la lucha contra las clases dominantes locales y sus aliados internacionales quienes explotan y oprimen a quienes comparten la isla. Tras la reciente aprobación del Código Penal reaccionario, anti-aborto y pro-patronal, la izquierda debería desempeñar un papel en la defensa de la interrupción voluntaria del embarazo y los derechos de las mujeres, así como de las personas LGBTIQ+ que se encuentran bajo ataque.
A pesar de los obstáculos y dificultades para construir una izquierda revolucionaria, existen posibilidades para construir dicho movimiento. Por ejemplo, el Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores (MST), organización que participa en algunas de las luchas más importantes de la actualidad, está sentando las bases para construir un movimiento socialista revolucionario internacionalista, antirracista, feminista y antiimperialista.
La actual movilización internacional en solidaridad con el pueblo de Gaza y contra el genocidio sionista representa otra fuente de renovación socialista y revolucionaria, ya que el movimiento de liberación palestina continúa aportando claridad política en la lucha contra el genocidio, el imperio y el racismo. Una de estas organizaciones revolucionarias con el potencial de revitalizar a la izquierda dominicana es el Movimiento Dominicano de Solidaridad con Palestina, al entender que la lucha por la liberación está entrelazada a nivel local e internacional, conectando la lucha contra el Estado sionista de Israel con la lucha contra las deportaciones masivas personas haitianas, contra el Estado racista dominicano y la extrema derecha.
Publicado originalmente en inglés en New Politics.