De la antidiscriminación leninista a la homofobia estalinista

José Castillo (Izquierda Socialista, UIT-CI)

La posición de la izquierda ante la diversidad sexual

La lucha contra la discriminación hacia la comunidad LGTTBIQ está en los orígenes de la tradición revolucionaria obrera y socialista. August Bebel (1840-1913), líder de la socialdemocracia alemana, fue el primer diputado que planteó en el Parlamento alemán que la homosexualidad no debía considerarse un delito.

En la Rusia bolchevique, en diciembre de 1917, el gobierno de los soviets derogó todas las leyes que condenaban los actos homosexuales. El Instituto Moscovita de Higiene Social publicó un folleto que afirmaba: “la actual legislación sexual de la Unión Soviética es obra de la Revolución de Octubre. Esta revolución es importante no solamente como fenómeno político que garantiza el gobierno de la clase trabajadora, sino también porque las revoluciones que emanan de esta clase llegan a todos los sectores de la vida… Declara la absoluta no interferencia del Estado y de la sociedad en los asuntos sexuales…Con respecto a la homosexualidad, sodomía y otras distintas formas de gratificación sexual- que las legislaciones europeas califican de ofensa a la moral pública- la legislación soviética las considera exactamente igual que cualquier otra forma de relación”.

Sin embargo con la imposición de la feroz dictadura burocrática de Stalin se revirtió todo este proceso. Al mismo tiempo que se retrocedía en los derechos de las mujeres (volviendo a prohibir el aborto), comenzaron las persecuciones masivas de gays y lesbianas. En marzo de 1934 fue promulgada una ley que condenaba con ocho años de cárcel los actos homosexuales, donde se afirmaba que “la homosexualidad es un producto de la decadencia del sector burgués de la sociedad”. Durante las décadas siguientes, esta será la posición oficial de los partidos estalinistas.

Lamentablemente, la cúpula de la revolución cubana, también asumió esta postura. Se calificaba a los homosexuales como “alienados, decadentes y contrarrevolucionarios”, enviándolos a trabajar al campo en unidades militares para su “reeducación”. Recién en el siglo XXI, estas posiciones fueron modificadas.

Sólo algunas corrientes trotskistas respetaron la plena libertad de sus militantes en su elección sexual, en particular las ligadas en su momento al SWP de Estados Unidos, a la LCR francesa y al PST argentino (orientado por Nahuel Moreno y antecesor de Izquierda Socialista). También denunciaron la homofobia y promovieron y participaron en la luchas de la diversidad sexual.

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